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domingo, 8 de diciembre de 2019

Los indicadores sociales que recibirá Alberto Fernández

8 de diciembre de 2019.

Por: Daniel Schteingart, dany@cenital.com   @danyscht (*)

Casi todas las cifras empeoraron entre 2015 y 2019. La gestión de Macri deja la pobreza y el poder adquisitivo en los peores niveles en más de una década. En tanto, la desigualdad volvió a los niveles de 2011. ¿Hay algo positivo en la herencia?



Estamos a horas del recambio presidencial. El gobierno de Mauricio Macri dejará una economía cuya producción absoluta se encuentra hoy en niveles de 2010, y en la cual el PBI per cápita (esto es, contando el crecimiento de la población) será similar al de 2007. La crisis económica está en el origen del deterioro social registrado en estos años. Pero analicemos más en detalle la magnitud de tal retroceso en sus principales variables.

Pobreza

Según el último dato oficial, correspondiente al primer semestre del año (y, por tanto, previo a los efectos de la devaluación post PASO que llevó el dólar de $45 a $63), la pobreza se ubica en el 35,4%. De acuerdo a estimaciones que hicimos con los colegas Guido Zack y Federico Favata, el gobierno saliente asumió con alrededor de 27% de pobres. En 2017, el gobierno logró perforar el piso registrado durante el kirchnerismo, llevando la pobreza a la franja del 26% (el menor valor en tres décadas); es imposible entender la victoria electoral de Cambiemos en las elecciones de medio término sin esta mejora que se produjo en el segundo año de gobierno, la cual terminó por ser insustentable.

Es probable que el número de pobreza del segundo semestre de 2019 (que se dará a conocer recién en marzo) muestre un crecimiento respecto a la última medición oficial, ubicándose cerca del 37-38%, valores equivalentes a los del año 2007. Los datos de la UCA dados a conocer recientemente (41%) no son comparables con los del INDEC (por tratarse de otra muestra de hogares), pero también muestran un profundo deterioro social particularmente en los últimos dos años.


El 27% de pobres de 2015 equivalió a unos 11,7 millones de personas. Si hoy la pobreza fuera del 37%, estaríamos hablando de 16,7 millones de personas que no tienen ingresos suficientes para comprar la canasta básica. Es decir, en términos absolutos, se trata de un aumento de cinco millones de personas en la pobreza.

La indigencia, también conocida como "pobreza extrema" (ya que implica la insuficiencia de ingresos para acceder a una canasta alimentaria), también recorrió un deterioro similar. Hemos estimado que la indigencia fue del 4,7% a fines de 2015. La última medición oficial se ubicó en 7,7%, lo cual representa un aumento de 1,3 millones de personas. Ese guarismo probablemente se haya deteriorado aún más en la segunda mitad de 2019, como efecto de la aceleración inflacionaria registrada desde agosto, apenas atenuada por la eliminación del IVA a ciertos alimentos de primera necesidad. Si, como pareciera, la indigencia superara el 8% en la próxima medición, se habrá ubicado en el valor más alto desde 2009-2010.

Salario real y consumo


El dramático aumento en la pobreza y la indigencia se debe al desplome del poder adquisitivo de los hogares, producto de que los ingresos familiares corrieron muy por detrás de la inflación. Los ingresos laborales son la principal fuente de los ingresos familiares, aun en los hogares que están por debajo de la línea de la pobreza. Es por tal razón que la dinámica del salario real (es decir, del poder de compra de los salarios) está tan estrechamente ligada con la de la pobreza.

En general (aunque no siempre), cuando el salario real cae la pobreza sube y viceversa. La relación no es mecánica puesto que hay otros componentes en el ingreso de los hogares, como por ejemplo los ingresos por "changas", las jubilaciones o las ayudas sociales, cuya dinámica no necesariamente es un calco de la de los salarios. De todos modos, la relación entre salario real y pobreza es muy estrecha.

Como se ve en el gráfico a continuación, entre 2007 y 2013 el salario real de los trabajadores formales subió significativamente, lo cual coincidió con una baja sostenida de la pobreza (ver gráfico previo). En 2014 el salario real cayó y la pobreza subió, y lo mismo ocurrió en 2016 y, sobre todo, 2018 y 2019.

Fuente: elaboración propia en base a Instituto Abdala e Instituto Estadístico de los Trabajadores


Durante el gobierno de Cambiemos, el poder adquisitivo promedio cayó aproximadamente un 14%, para ubicarse en niveles en niveles similares a los de 2008. Casi un reflejo de lo que ocurrió con la pobreza, como mencionamos antes.

Un párrafo aparte merece la dinámica del consumo, la cual -como puede verse en el gráfico- está directamente entrelazada con la del poder adquisitivo. De acuerdo a las estimaciones de Instituto Abdala, el consumo cayó un 15% entre noviembre de 2015 y octubre de 2019, una magnitud casi idéntica a la registrada por el salario real.

¿Cómo llegamos a esto? Pasando en limpio, tenemos la siguiente secuencia. Cuando la economía demanda más dólares de los que ofrece (cuando las importaciones superan a las exportaciones, cuando salen más capitales de los que entran, cuando los ahorristas se refugian en el dólar, cuando se pagan muchos intereses de deuda, etc.), la presión sobre el dólar se dispara, lo cual desata una devaluación. La suba del dólar acelera la inflación y los ingresos de los hogares (siendo el salario el principal de éstos) corren muy por detrás, lo cual hace que suban la pobreza y la indigencia y, simultáneamente, que caiga el consumo. La merma del consumo implica que las empresas venden menos en el mercado doméstico y, por tanto, dejan de producir. Las firmas primero dejan de contratar trabajadores; si la caída del mercado se sostiene, empiezan a despedirlos y, si la situación se vuelve todavía más profunda, directamente cierran. Todas estas cosas ocurrieron en estos años, y es por ello que el mercado laboral se resintió significativamente, como veremos a continuación.

Empleo

El mercado laboral también retrocedió en estos años, aunque la dinámica de algunos de sus indicadores obliga a una sofisticación del análisis. Podríamos resumirlo así: hay más empleo total que en 2015, lo cual se explica íntegramente por el empleo precario. Por el contrario, el empleo de calidad en el sector privado se contrajo fuerte en estos años (sobre todo en el último año y medio). En otros términos, hay más empleo total junto con una mayor precarización laboral. En simultáneo, la evidencia sugiere que el desempleo se incrementó en estos años, aunque no del modo explosivo de los años '90. Veamos más en detalle.

En el segundo trimestre de 2019, la tasa de empleo (ocupados cada 100 personas) fue del 42,6%, el valor más alto del período 2015-2019. Esto quiere decir que entre 2015 y 2019 (en rigor, entre 2017 y 2019), el empleo creció a tasas más rápidas que el crecimiento demográfico. Una lectura superficial permitiría tomar esto como una buena noticia a secas. Sin embargo, la cuestión es más compleja.

Fuente: elaboración propia en base a EPH-INDEC. Los datos de 2015 (que en la EPH original no son directamente comparables con los de 2016-2019) fueron recalibrados.

En los años de Macri hemos visto varias tendencias superpuestas en el mercado laboral. En primer lugar, la tasa de empleo subió por una fuerte suba en la participación laboral de las mujeres. En 2015, de cada 100 mujeres de todas las edades trabajaban casi 34. En 2019, esa cifra llegó a 36. Una tendencia contraria (aunque de intensidad menor) se dio con los varones: casi 51 de cada 100 trabajaban en 2015, cifra que cayó a 49,6 en 2019. En el global, la mayor participación laboral de las mujeres más que compensó la caída del empleo masculino.

¿Qué es lo que hay detrás de estos números? Los varones se vieron afectados por la crisis de sectores que emplean mucha mano de obra masculina, como la construcción y, particularmente, la industria. En paralelo, el deterioro del poder adquisitivo de los hogares impulsó que muchas mujeres -que hasta entonces trabajaban al interior del hogar en tareas domésticas- salieran al mercado laboral a buscar un ingreso adicional para el hogar. Muchas de ellas lo encontraron, aunque bajo modalidades precarias. Ciertamente, peor hubiera sido que las mujeres no hubieran podido encontrar ningún empleo (lo cual hubiera disparado todavía más la tasa de desocupación), pero difícilmente podría hablarse de un mercado laboral virtuoso.

Precarización laboral

Como decíamos anteriormente, hubo expansión del empleo en estos cuatro años, motivado por una mayor participación laboral femenina en puestos precarios. El empleo "en blanco" en el sector privado se resintió fuertemente en estos años: según el Ministerio de Trabajo y Producción, desde noviembre de 2015 se destruyeron 187.000 puestos de calidad en el sector privado, hecho doblemente preocupante habida cuenta de que la población en edad laboral creció más del 4% en el mismo período.

Por lo tanto, no sorprende que se haya contraído el porcentaje de ocupados que perciben derechos como el aguinaldo, los aportes jubilatorios u obra social. Como se ve en el gráfico a continuación, en 2019 el 50% de los trabajadores cobra aguinaldo (el resto en su mayoría es trabajador informal o cuentapropista). Esta cifra muestra un repliegue respecto a 2015, cuando era de casi el 53%. El guarismo de 2019 es el peor en una década: hay que remontarse a 2009 para encontrar un valor similar.

Fuente: elaboración propia en base a EPH-INDEC. Los datos de 2013-2015 fueron recalibrados para volverlos comparables con 2003-2012 y con 2016-2019.

Desempleo

El último dato de desempleo disponible, correspondiente al segundo trimestre, mostró que el 10,6% de los habitantes argentinos busca trabajo pero no lo encuentra (recordemos que desocupada es aquella persona que no trabaja pero que busca empleo; caso contrario, un niño sería desocupado). Este valor es el más alto de la era Cambiemos, lo cual es consistente con períodos de crisis.

En el caso del desempleo, la comparación con el período previo a 2016 es más difícil puesto que existe cierta evidencia[1] de que las cifras de los últimos años del kirchnerismo (el último dato fue cercano al 6% a mediados de 2015) estaban adulteradas (haciendo pasar como inactivas -esto es, que no tienen trabajo ni lo buscan- a algunas personas desocupadas). Vale aclarar que la magnitud del toqueteo de las cifras parece haber sido bastante más sutil que lo que por entonces ocurría con las cifras oficiales de pobreza o inflación, donde la manipulación era totalmente descarada. (A diferencia de lo que hemos podido hacer con los datos de empleo, pobreza o desigualdad, no hemos podido hasta el momento reconstruir una serie homogénea de desempleo).

A pesar de este vacío informativo, la evidencia parcial existente sugiere que el desempleo es hoy mayor al de 2015 y, probablemente, el más alto desde la corta recesión de 2009 (cuando empiezan algunas cosas raras en el desempleo reportado por la EPH; las cifras oficiales indican que el desempleo actual es el más alto desde 2006). De acuerdo a las estadísticas porteñas, entre 2008-2015, el desempleo en la Ciudad de Buenos Aires se mantuvo siempre en torno al 5-7%, y esa cifra llegó al 8% en el cuarto trimestre de 2018.

Por su parte, la Encuesta Nacional de Estructura Social (realizada, con financiamiento del Ministerio de Ciencia y Tecnología, por el Programa de Investigación de la Sociedad Argentina Contemporánea, que nada tuvo que ver con el INDEC K) con una cobertura urbana representativa a nivel nacional, aunque con una muestra no directamente comparable con la EPH) registró en 2014-15 un desempleo del 7,2%. También con una muestra representativa (aunque tampoco del todo comparable con la del INDEC), la Encuesta Nacional de Protección y Seguridad Social (ENAPROSS), llevada a cabo por el Ministerio de Trabajo en 2015 (y, por tanto, ajena al INDEC K), mostraba un desempleo del 9,5% en el conurbano bonaerense. A modo de comparación, de acuerdo al INDEC el desempleo en el conurbano se ha mantenido en la franja del 11-13% desde 2018. La UCA, por su lado, registró una suba moderada en la tasa de desocupación entre 2015 y 2019 (del 9,4% al 10,9%), aunque el dato no es directamente comparable en el tiempo puesto que hasta 2015 se medía en cuartos trimestres y a partir de 2016 en terceros trimestres (el desempleo tiene mucha estacionalidad).

En suma, el desempleo parece haber aumentado en tiempos de Cambiemos, a un ritmo relativamente "moderado" si lo comparamos con lo ocurrido con el salario real, el consumo y la pobreza, que son mucho más sensibles a los procesos devaluatorios que el desempleo. Esto es un contraste con los años '90, en donde las recesiones -que no implicaban saltos cambiarios ni inflacionarios- hacían volar la desocupación, pero el salario real (para quienes permanecían ocupados) se mantenía estable.

Cloacas

La inversión en cloacas fue promocionada por Cambiemos como uno de los cambios significativos respecto a los tiempos en que gobernaba el peronismo. Sin embargo, una mirada a los datos oficiales permite contar otra historia: de acuerdo al INDEC, en Argentina, la cobertura de cloacas ha tendido a incrementarse con el correr de los años, sin observarse un cambio de tendencia en estos últimos cuatro años (incluso se observa una ligera desaceleración en la ampliación de la cobertura). En 2003, casi el 62% de los hogares urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares tenía cloaca. Para 2011, esa cifra era del 66,5% y, para 2015, del 69,4%. En estos cuatro años, la cobertura siguió aumentando, aunque a un ritmo algo menor, para alcanzar el 71% (+1,5 puntos cuando entre 2011-15 la suba fue de casi 3 puntos). Aquí podría hablarse de uno de los pocos rasgos no claramente negativos de la herencia social, que es el haber seguido aumentando (aunque sea a un ritmo modesto) el acceso a servicios básicos.

Nota: los datos de 2013-15 fueron recalibrados para volverlos comparables con los de 2003-12 y 2016-19.

En rigor, que empeore la cifra de cobertura de cloacas sólo puede darse en casos muy extremos, como procesos migratorios muy intensos, o vía destrucción de infraestructura. En la práctica, que caiga la cobertura de cloacas es muy improbable, del mismo modo que ocurre con variables como la mortalidad infantil, la esperanza de vida o el analfabetismo, variables que mejoraron tanto con el kirchnerismo como con el macrismo. Sólo con grandes catástrofes humanitarias estos indicadores empeoran. En todo caso, el foco debiera ser el ritmo al cual mejoran estos indicadores, tanto en el tiempo (comparando contra otros períodos de la historia) como en el espacio (comparando contra otros países).

Desigualdad


Al igual que en muchos otros países de la región, Argentina experimentó una notable mejora de la desigualdad durante el boom de los commodities (2003-13). En particular, la mejora distributiva de Argentina fue de las más aceleradas de la región, partiendo de niveles inéditamente altos de desigualdad tras la crisis de 2001-2.

Entre 2003 y 2015, la desigualdad cayó sistemáticamente, a excepción del año 2014, que fue el único de los doce en el cual, producto de una fuerte devaluación, también cayeron los salarios reales y subió la pobreza. De todos modos, en 2015 la desigualdad volvió a caer, ubicándose -junto con 2013- en el valor más bajo en treinta años.

El gráfico a continuación muestra el coeficiente de Gini para el período 2003-2019. Este indicador es uno de los más utilizados para medir las diferencias de ingresos entre los hogares. El coeficiente oscila entre 0 y 1, siendo 0 perfecta igualdad (todos ganan lo mismo) y 1 completa desigualdad (un hogar se queda con todo el ingreso generado por una sociedad). En la vida real, ningún país tiene estos valores extremos; los países escandinavos, hoy con niveles de desigualdad bajos, tienen un coeficiente de Gini cercano a 0,25; en contraste, Sudáfrica (uno de los países más desiguales del mundo), un Gini superior a 0,60.



En el primer semestre del año, el coeficiente de Gini en nuestro país fue de 0,44. Se trata de una suba respecto al 0,42 de fines de 2015, y que retrotrae los niveles de desigualdad a los de 2010-2011. Las razones por las cuales empeoró la desigualdad en estos años tienen que ver con la recesión, el aumento del desempleo (que afecta mayormente a los trabajadores menos calificados, de menores ingresos relativos) y a que la desesperación de muchos hogares por conseguir un empleo lleva a un menor poder de negociación de los trabajadores, que convalidan salarios más bajos. Este fenómeno es particularmente más fuerte en los trabajadores informales, cuyos ingresos crecieron muy por debajo de los de los formales en el último año y medio.

Asimismo, hubo políticas gubernamentales que ampliaron la brecha de ingresos, como la llamada Reparación Histórica a los jubilados, que implicaron un costo fiscal grande. La Reparación Histórica benefició mayormente a los jubilados de altos ingresos, generando mayor heterogeneidad al interior de los ingresos de nuestros abuelos. En privado (y no tanto), muchos funcionarios (o ex funcionarios) de la cartera económica de Cambiemos han considerado un error esta medida implementada en 2016.

Vale agregar una dimensión poco analizada de la desigualdad, y es que no sólo los salarios de los más humildes subieron menos que los de los trabajadores sindicalizados, sino que la inflación experimentada por los más pobres fue más intensa. Tal como podemos ver a continuación, entre noviembre de 2015 y octubre de 2019, la inflación del 10% más pobre fue del 293%, 29 puntos más alta que la del 10% más rico.



¿Por qué la inflación fue más severa para los más necesitados? La principal razón es que las subas de servicios públicos (fortísima entre 2016 y principios de 2019) incidieron más en los hogares de menores ingresos, que destinan un mayor porcentaje de sus presupuestos familiares a estos consumos. Los alimentos, que también repercuten mucho más en los gastos de los hogares más pobres, subieron parecido al promedio de la canasta, de modo que su encarecimiento no es la razón principal que explica el diferencial de inflación entre los hogares pobres y los pudientes.

¿Hay algún aspecto positivo de la herencia?

Como hemos visto, la herencia social que recibirá Alberto Fernández es indiscutiblemente peor que la que recibió Macri. Al endeudamiento económico que dejará la gestión saliente se le suma una profunda deuda social.

Ahora bien, existen algunas (pocas) cosas en donde la situación en 2019 es mejor que en 2015. Una de ellas es el déficit fiscal (sobre todo el primario, es decir, antes de intereses). Como dice el economista Matías Rajnerman, lo que ocurra con el déficit fiscal es relevante pues es un indicador que les importe mucho a los acreedores y que, por tanto, incide en la capacidad de financiamiento que pueda tener un gobierno.

Sin embargo, la mejora más destacable es que, tras los saltos cambiarios y la corrección de las excesivas regulaciones del gobierno previo, las exportaciones volvieron a crecer (moderadamente, vale aclarar), tras haberse desplomado en el último gobierno de Cristina Kirchner. De acuerdo al INDEC, los volúmenes exportados treparon 13% entre los terceros trimestres de 2015 y 2019, lo cual se debe mayormente al despegue exportador de Vaca Muerta y a que el aumento de la producción agropecuaria (tras el cambio en los incentivos que generó la gestión Macri) se volcó en parte a mercados externos. El gobierno de Alberto Fernández deberá potenciar estas mejoras, las cuales son fundamentales para tener los dólares necesarios para poder pagar la deuda y revertir la tristísima herencia social que deja Mauricio Macri.

[1] La Dirección de Estadística de la Ciudad de Buenos Aires tiene datos trimestrales de desempleo desde el año 2014, los cuales no han sido cuestionados por nadie. Si bien el desempleo porteño es siempre mayor según esta dirección que lo que reporta la EPH para CABA (producto de que la EPH releva menos villas de emergencia que la Ciudad), la brecha entre ambas mediciones se ha achicado tras la normalización del INDEC. En 2014-2015, la EPH mostraba en CABA un desempleo 3 puntos menor a la Dirección de Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires. En 2016-2019, esa diferencia se achicó a 2 puntos, lo cual sugiere que la magnitud de la manipulación de las cifras del desempleo pudo haber sido cercana a un punto porcentual, al menos en los distritos en donde el INDEC tenía injerencia directa en la EPH (el Gran Buenos Aires).


(*)
Me especializo en análisis socioeconómico, particularmente empleo, pobreza, desigualdad, desarrollo económico e inflación. Soy muy fan de usar gráficos en mis columnas, a tal punto que me han apodado "Excelman". Cenital no va a ser la excepción.

Soy sociólogo de formación, con un doctorado en la Universidad de San Martín. Me dedico también a la docencia universitaria y hace un par de años incursioné como columnista radial en Radio Con Vos. Hoy estoy en Metro en el programa "De Acá en Más".

Hincha de River, el 9 de diciembre de 2018 fue uno de los días más lindos en mis 33 años de vida. En algún momento me dediqué bastante a la música pero en algún momento colgué los botines. Ahora me divierte tocar en modo fogón. Soy profundamente beatlemaníaco: en mi adolescencia casi termino a las trompadas con un amigo que decía que los Beatles eran mediocres.


https://www.cenital.com/2019/12/08/los-indicadores-sociales-que-recibira-alberto-fernandez/64539


lunes, 4 de noviembre de 2019

“La herencia que dejamos”: un informe oficial defendió la economía durante el gobierno Mauricio Macri

4 de noviembre de 2019.

Tiene ocho puntos, apunta al kirchnerismo y fue realizado por la Jefatura de Gabinete que conduce Marcos Peña. Hay similares para otras áreas de la administración pública.



Cambiemos se está despidiendo. En parte eso se entrevé en una serie de informes de estado de situación que el Gobierno realizó para diferentes áreas. El que hace foco en la economía, que trascendió este mediodía, tiene siete páginas y detalla lo que desde la jefatura de Gabinete de Marcos Peña titularon como “Ocho puntos sobre la economía” y que comienza con el capítulo “Sobre la herencia económica que dejamos”.

“A fin de 2019 el país está listo para crecer. Sin magia, sin mentira, sin ficción. Gracias al esfuerzo de los argentinos de todos estos años, hemos revertido la herencia de 2015, cuando recibimos un Banco Central sin reservas y restricciones cambiarias para importar y viajar; un déficit fiscal brutal (7% del PBI) con una presión impositiva récord; un desempleo mentiroso y una pobreza estructural altísima; una inflación ya alta durante 8 años y en ascenso; un tipo de cambio atrasado, que perjudicaba la actividad productiva; un Estado arrasado, dominado por punteros y copado por militantes, empresas públicas quebradas; y una crisis energética con tarifas atrasadas que se sostenía con permanentes cortes de luz y gas y se abastecía con carísimos barcos de gas licuado que venían de Venezuela bajo contratos muy dudosos".

Así comienza el paper. Claro, muy rápido aclaran: “Es cierto que en 2019 hay problemas. Y que no hemos podido cumplir las mejoras de bienestar que todos anhelamos. La inflación sigue alta. Y a pesar de haber creado 1.250.000 puestos de trabajo en esta gestión (incluyendo formales, informales y autónomos), no fue suficiente, porque hay más gente que busca trabajo”.



Al igual que lo dijo Mauricio Macri en los debates, antes de las elecciones presidenciales que perdió, el informe asegura que “el punto de partida para 2020 es mucho más sano”. Y enumeran razones que, siempre desde el criterio del Gobierno, lo explican: equilibrio fiscal primario (“el déficit total es la mitad del de 2015”); menor presión tributaria (”que sigue alta, pero es mucho menor que en 2015, 3% del PBI", menos impuestos en las provincias (“ingresos brutos, sellos”); “un tipo de cambio competitivo (en términos reales, casi el doble del que heredamos en 2015), que nos permite un comercio balanceado con el resto del mundo, sin sorpresas cambiarias para el futuro”, suba de exportaciones; mejor infraestructura; y “volvimos a tener energía” ("importábamos energía en 2015 y ahora la exportamos, generando empleo y divisas para nuestro país. No fue magia. Había que recorrer un camino pedregoso, como el de las tarifas, para poder volver a tener energía).

Punto dos: Sobre nuestro programa económico. El informe destaca que la con Macri “primera vez en mucho tiempo, Argentina tuvo una idea de largo plazo basada en reglas claras, estabilidad económica e inserción al mundo”. Menciona mejoras en las “condiciones estructurales de la economía”, las exportaciones y que “el tipo de cambio competitivo, la mejora de las exportaciones y el impulso a las inversiones tendrán un impacto en el empleo privado, que lleva 8 años estancado. Esto será el mayor motor para el consumo privado”.

“No es sano que cada cuatro años parezca que tengamos que resetear y empezar de nuevo. Como punto de partida, para el próximo período tenemos que consensuar al menos dos prioridades: un consenso pro exportador (para dar sostenibilidad al modelo de crecimiento sin la recurrente asfixia de divisas) y un consenso pro empleo (dado que el empleo privado es el gran organizador social)”, define.



Punto tres. Sobre la inflación. “Lamentablemente, no se puede eliminar la inflación de un día para el otro”, se lamenta el trabajo de Jefatura de Gabinete. “Pero en estos cuatro años hemos dado los pasos necesarios para empezar a ver una reducción sostenida y sostenible de la inflación: corregimos las tarifas y el tipo de cambio; y equilibramos las cuentas públicas”, detalla y explica que “las tarifas ya valen casi lo mismo que lo que cuestan. El dólar, más allá de las restricciones recientes, vale lo que se dice que vale”.

Punto cuatro. Sobre la situación fiscal. “En 2019 el Estado argentino prácticamente va a alcanzar el equilibrio primario, tanto a nivel nacional como provincial. Esto es algo que no se ve hace una década y que es prácticamente una excepción en la historia económica de los últimos 70 años”, se explica.

Punto cinco. Sobre los impuestos. El gobierno detalla que entre 2016 y 2019, la presión tributaria total habrá bajado en 3 puntos del PBI. “Queremos un sistema impositivo eficiente y simple, con el menor grado posible de distorsión sobre las inversiones y el empleo y que incluya criterios de equidad (que dos personas o empresas iguales paguen lo mismo) y progresividad (que quienes más ganan paguen proporcionalmente más que quienes ganan menos). Recibimos todo lo contrario: una presión impositiva que había subido 6 puntos del PBI, con muchos impuestos distorsivos y un esquema poco progresivo y equitativo”, dice el paper.



Punto seis. Sobre la deuda. Se defiende haber ido al FMI, se destaca el pago a los holdouts y se insiste con algo que Macri repitió en la campaña: "dos de cada tres dólares que tomamos de deuda fueron para mejorar los plazos o las condiciones de deudas viejas o, también, para cambiar los acreedores

Admiten que hubo que “pedir prestado” pero por la herencia de un “déficit enorme y porque habían quedado muchas cuentas sin pagar del gobierno anterior, como la deuda con los holdouts. Decidimos financiarnos de forma transparente y clara. Estos años hicimos un gran esfuerzo para equilibrar nuestras cuentas. Si mantenemos el compromiso de tener un presupuesto equilibrado en los próximos años, la deuda pública dejará de ser un problema”.

Punto siete. Sobre la energía. Cambiemos resumen la situación recibida como “dramática” y habla de que se la “dio vuelta”. “En todas las áreas dimos vuelta la situación con la que arrancamos: volvieron a crecer la producción de petróleo (después de 20 años de caída) y la producción de gas, que en los primeros nueve meses del año tuvo la mayor producción de la última década, 16% más que en 2015. En 2018 volvimos a exportar gas a Chile después de once años. El desarrollo de Vaca Muerta estaba frenado y este año va a recibir inversiones por más de 7.500 millones de dólares y generar miles de puestos de trabajo en la provincia de Neuquén”, aseguran el informe.



Punto ocho. Sobre el empleo. - “El desempleo está en niveles similares a los que dejó el gobierno anterior. Debería ser más bajo, y probablemente baje a medida que la economía vuelva a crecer. De todas maneras, la cantidad de personas que trabajan sigue creciendo”.

- “En nuestra gestión se crearon 1.250.000 puestos de trabajo, incluidos los informales. El desempleo sube en parte porque hay más gente saliendo a buscar trabajo (hoy estamos en niveles récord). El aumento del desempleo no se da por una destrucción del empleo sino porque más personas se vuelcan a un mercado laboral que no puede crear la cantidad de puestos necesarios. Integrarnos al mundo también nos permite generar más y mejor empleo. Por eso logramos un acuerdo histórico con la Unión Europea”.

“En particular, este acuerdo tiene la capacidad de potenciar fuertemente las exportaciones argentinas y así estimular el desarrollo de sectores generadores de valor agregado y empleo. Específicamente, sectores agroindustriales como el de la carne, pescado, lácteos y otros alimentos, o industrias como la de pieles y cueros y plásticos”.

“Sabemos que todavía falta mucho, pero este es el camino correcto para tener un país mejor, generando confianza y trabajando a la par del mundo”.

https://www.infobae.com/economia/2019/11/04/la-herencia-que-dejamos-un-informe-oficial-defendio-la-economia-durante-el-gobierno-mauricio-macri/